quinta-feira, 26 de janeiro de 2017

Nilton Santiago (Peru)


OS MILAGRES COMO QUARTO ESTADO DA MATÉRIA (POUCO ANTES DO AMANHECER, QUANDO OS GATOS GUIAM O TRÂNSITO)

São estas as ruínas e as chuvas do outono,
entrar no metro atravessando a porta duma igreja
chorar pela afonia dum grilo, caminhar e voltar a entrar na igreja
mas desta vez através da chuva,
e ver-te então atravessar a passadeira
enquanto um casal de gatos guia o trânsito.
Eis aqui o primeiro milagre:
tu entrando no céu através dos teus sinais,
não há astrónomo nem fumador que tenha imaginado
um céu com tanto decote
desde logo não sabes quem diabo era Baudelaire
nem que às vezes há que vestir saias más compridas (e menos transparentes)
sob a chuva
mas não interessa, de quimera em quimera e de quimera em clareza
e vice-versa
fazes com que o infinito se detenha bruscamente,
que o Big Bang comece a contrair-se
como um grande tomate no micro-ondas
ou que as moças tatuadas nos braços dos taxistas deixem de fumar
e abandonem a lida do amor para entrar furtivamente
nas paróquias.
Eis aqui o segundo milagre:
entrar na estação e ver-te lutar com o entorno para que te deixe passar
entre tanta luz e vice-versa
não levar um cêntimo no bolso e pedir-te o cartão do metro,
satisfazer-me com o mel do teu sorriso e das tuas covas,
olharmo-nos sem nenhum dos típicos desígnios destinados
aos frios amores por correspondência.

Eis aqui o terceiro milagre:
há dois lugares livres juntos,
sentamo-nos, sei que me bofeteio por observar-te assim a entreperna
falamos então para deixar de sorrir,
falamos do novo estado da matéria que acabam de descobrir
nos olhos de frango,
falamos sem nos darmos conta de cada vez que sorris
saem centenas de borboletas de entre o teu decote e o meu olhar.
De repente, num piscar de olhos, chegamos à última estação
(onde ainda é primavera e onde há minotauros
distraídos com aquelas raparigas trazidas de Ho Chi Minh ou de Creta)
e, como quem não quer a coisa, aproveito para fazer-te as típicas perguntas
que te faria um elefante a ponto de morrer,
enquanto dou três voltas ao meu coração em redor do teu
que se esconde uma e outra vez,
como se esconde o som no ventre de uma campainha.

Acabamos de nos conhecer mas já demos cinco beijos
não faremos coisas politicamente incorrectas,
isso é certo
o amor já me sussurrou ao ouvido que hoje também não é a minha noite
e bem o sei: hoje sou esta ruína, esta chuva de outono,
este fardo que não tem nada que dizer-te.
São horas de ires ao bar onde combinaste com o teu namorado
e de eu voltar a casa
(em passos vagarosos)
já sucederam uns quantos milagres esta noite
e há que saber retirar-se a tempo para lamber as feridas.

E calma amigos, dizem que as ratazanas
podem viver mais tempo sem água que os camelos.


*


LOS MILAGROS COMO CUARTO ESTADO DE LA MATERIA (POCO ANTES DEL AMANECER, CUANDO LOS GATOS DIRIGEN EL TRÁFICO)

Son estas las ruinas y las lluvias del otoño,
entrar en el metro atravesando la puerta de una iglesia
llorar por la afonía de un grillo, caminar y volver a entrar a la iglesia
pero esta vez a través de la lluvia,
y entonces verte cruzar el paso de cebra
mientras una pareja de gatos dirige el tráfico.
He aquí el primer milagro:
tú entrando en el cielo a través de tus lunares,
no hay astrónomo ni fumeta que haya imaginado un cielo con tanto escote
desde luego no sabes quién diablos era Baudelaire
ni que a veces hay que llevar faldas más largas (y menos transparentes)
bajo la lluvia
pero da lo mismo, de quimera a quimera y de quimera a claridad
y viceversa
haces que el infinito se detenga de sopetón,
que el Big Bang empiece a contraerse
como un gran tomate en el microondas
o que las chicas tatuadas en los brazos de los taxistas dejen de fumar
y abandonen las labores del amor para entrar a hurtadillas
en las parroquias.
He aquí el segundo milagro:
entrar en la estación y verte pelear con el torno para que te deje pasar
entre tanta luz y viceversa
no llevar un céntimo en el bolsillo y pedirte la tarjeta del metro,
comerme con la miel de tu sonrisa los hoyuelos de tus mejillas,
mirarnos sin ninguno de los típicos designios destinados
a los fríos amores por correspondencia.

Aquí el tercer milagro:
hay dos asientos libres juntos,
nos sentamos, sé que me juego un bofetón por mirarte así la entrepierna
hablamos entonces para dejar de sonreír,
hablamos del nuevo estado de la materia que acaban de descubrir
en los ojos de pollo,
hablamos sin darnos cuenta de que cada vez que sonríes
salen cientos de mariposas entre tu escote y mi mirada.
De repente, en un plis plas, llegamos a la última estación
(donde aún es primavera y donde hay minotauros
distrayéndose con aquellas muchachas traídas de Ho Chi Minh
o de Creta)
y, como quién no quiere la cosa, aprovecho para hacerte las típicas preguntas
que te haría un elefante a punto de morir,
mientras le doy tres vueltas a mi corazón alrededor de tu corazón
que se esconde una y otra vez,
como se esconde el sonido en el vientre de una campana.

Nos acabamos de conocer pero ya nos damos cinco besos
no haremos cosas políticamente incorrectas,
eso seguro
el amor ya me ha susurrado al oído que tampoco hoy es mi noche
y bien lo sé: hoy soy yo esta ruina, esta lluvia de otoño,
este pelmazo que no tiene nada que decirte.
Es hora de que te vayas al bar donde has quedado con tu chico
y que yo me marche a casa
(paso de ir al picnic)
ya sobran unos cuantos milagros esta noche
y hay que saber retirarse a tiempo para lamerse las heridas.

Y tranquilos amigos, dicen que las ratas
pueden vivir más tiempo sin agua que los camellos.


--



Nilton Santiago
(Peru, Lima; 1979)

Tradução: Sandra Santos


domingo, 30 de outubro de 2016

Jorge Galán (El Salvador)


UNA MUCHACHA

Conozco una muchacha que ha dejado de ser muchacha y es una gran tristeza
dentro de una muchacha de inmensos ojos claros que me recordaban y aún me recuerdan
los ojos de una vieja muñeca que conocí alguna vez y sus grandes pestañas
parecen abanicos de seda y su boca parece una fuente de donde viene el alba
y por eso lamento tanto haber escuchado esa flauta terrible creciendo hacia dentro de ella
como el río que viene de las montañas nevadas y se adentra en la cueva hasta volverse
una serpiente oscura, subterránea, que transita horadando todo a su paso,
carcomiendo y fundando en la piedra monumentos que solo pueden mostrar el deterioro.
¿Me pregunto hace cuánto no se detendrá, ella, la misma, sola bajo el crepúsculo
y mirará las estrellas tempranas sobre los cerros colmados por una luz tardía
y luego, bajando la vista, entre los arbustos, sorprenderá lo que solo al ocaso se sorprende:
las hadas que alguna vez – esto no lo recuerda – la hicieron volar de una mesa a una cama
de una cama a un sillón y de un sillón a la cama otra vez en un vuelo
que era, lo sé, el mismo que el del diente de león en las briznas ya cálidas de marzo
y que a medida que se aleja va cayéndose y dejando una magia amarilla donde quiera que pasa,
y lamento tanto, al recordar estas cosas, todos estos motivos más hermosos que una marea
atrapada en la pupila asombrada de una anciana que ve por primera vez el mar,
que esa muchacha ya no sea la muchacha dulce que solía conocer
sino una tristeza dentro del cuerpo de una muchacha que, alguna vez, no hace mucho,
me ha tomado una mano y me ha llevado, a través de la niebla,
hasta salir a un sitio de colinas donde pude otra vez asir el aire con unas manos tibias
y donde pude, además, ver el color marrón de las piedras y el verde fresquísimo del pasto
y ahora, por todo eso, me apena tanto ver en su pequeña alma, igual que en un pequeño estanque,
esas estrellas muertas que nadie ha de mirar,
y ella misma es una mínima estrella para la cual no hay ojos,
salvo mis propios ojos amarillos que ella vio y no recuerda o cree no recordar
y se esconde, tras murallas altísimas erigidas con hierro y miedo y fango, y huye de mí,
se esconde como el barco fantasma se esconde de los ojos curiosos tras la niebla marina.
Pero un alba nunca es en vano como no puede ser en vano un relámpago ni esa música
que de su aliento cae como fruta invisible que comí y aún como
y por eso puedo decir que conozco a una muchacha que ha dejado de ser una muchacha
y es una gran tristeza pero que esa tristeza no es más grande que el mundo
y que yo he visto el mundo en su pupila como una perla azul y sumergida
en una gota cínica de llanto que secaré en mi dedo cuando haya que secarla…
¿Cuándo será el instante más propicio de todos para secar el llanto de una dulce muchacha?


*


UMA RAPARIGA

Conheço uma rapariga que deixou de ser rapariga e é uma grande tristeza
dentro de uma rapariga de imensos olhos que me lembravam e ainda me lembram
os olhos de uma velha boneca que outrora conheci e as suas grandes pestanas
parecem leques de seda e a sua boca parece uma fonte de onde surge o alvorecer
e por isso lamento tanto ter escutado essa flauta terrível crescendo através dela
como o rio que corre nas montanhas nevadas e se adentra na caverna até converter-se
numa serpente escura, subterrânea, que transita escavando tudo,
carcomendo e gravando na pedra monumentos que só podem revelar o dano.
Questiono-me há quanto tempo não se deterá, ela, sozinha sob o crepúsculo
e vislumbrará as estrelas matutinas sobre os montes desvendados por uma luz tardia
e logo, descendo a vista, entre os arbustos, surpreenderá o que só ao entardecer surpreende:
as fadas que algum dia – disto não se lembra – a fizeram voar de uma mesa a uma cama
dessa cama a um cadeirão e desse cadeirão à cama novamente num voo
que era, sei-o, o mesmo que o do dente de leão nas ervas já cálidas de Março
e que à medida que se afasta vai caindo e deixando uma magia amarela onde quer que passe,
e lamento tanto, ao recordar estas coisas, todos estes motivos mais belos que uma maré
presa na pupila assombrada de uma anciã que vê pela primeira vez o mar,
que essa rapariga já não seja a rapariga doce que costumava conhecer
mas sim uma tristeza dentro do corpo de uma rapariga que, algum dia, não há muito,
me agarrou a mão e me levou, através do nevoeiro,
a um sítio colinoso onde pude outra vez agarrar o ar com umas mãos tíbias
e onde pude, além disso, ver a cor encarnada das pedras e o verde fresquíssimo do pasto
e agora, por tudo isso, lamento tanto ver na sua pequena alma, como num pequeno tanque,
essas estrelas mortas que ninguém haverá de vislumbrar,
e ela própria é uma mínima estrela para a qual não há olhos,
salvo os meus próprios olhos amarelos que ela viu e não recorda ou crê não recordar
e se esconde, por trás das muralhas altíssimas erigidas com ferro e medo e lodo, e foge de mim,
e se esconde como o barco fantasma e se esconde dos olhos curiosos no nevoeiro marítimo.
Mas um alvorecer nunca é em vão como não pode ser em vão um relâmpago nem essa música
que da sua respiração cai como fruta invisível que comi e ainda como
e por isso posso dizer que conheço uma rapariga que deixou de ser rapariga
e é uma grande tristeza mas essa tristeza não é maior que o mundo
e que eu vi o mundo na sua pupila como uma pérola azul e imersa
numa gota cínica de choro que secarei no meu dedo quando haja que secá-la…
Quando será o instante mais adequado para secar o choro de uma doce rapariga?



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PASEO DE UNA NIÑA EN LA PLAYA

Ya sin tocar el suelo, sus pies casi de agua
se deslizan, lentísimos, sobre la arena parda
matizada de espuma. Es casi mediodía,
sobre ella las gaviotas planean dulcemente,
el mar que hizo en la piedra motivo de su furia
no se atreve en sus pies, retrocede, no vuelve
sino en rocíos lentos de un azul menos ávido.
Le toca con su música, con su arrullo y se vuelve
un amante imposible que encuentra en la tristeza
el motivo preciso para intentar dormirle,
hechizarla, volverla su sueño, su deleite.
Frágil como la rama que a punto de quebrarse
se aferra al tronco anciano, así el viento se amarra
a su raíz más honda: su cabello que ondea
como bandera única de un país exquisito.
Esbelta como el aire que de puntillas anda
por las altas palmeras, mínima como el frío
que el corazón del alba guarda en su luz más íntima,
inmensa como el cielo que habita en la pupila,
se vuelve la palabra que el día le musita
a los antiguos siglos: el nombre de su orgullo.
Con su traje de baño, tan ingenua, tan simple,
sin sospechar aquello que en su torno sucede,
o notando, si acaso, la tibieza del agua
o las lentas gaviotas que vagan dulcemente.
Nada posee entonces semejante pureza.


*


PASSEIO DE UMA MENINA NA PRAIA

Já sem tocar o chão, os seus pés quase de água
deslizam, lentíssimos, sobre a areia parda
matizada de espuma. É quase meio-dia,
sobre ela as gaivotas adejam delicadamente,
o mar que descarregou no penedo a sua fúria
não se atreve a seus pés, retrocede, não regressa
senão no relento de um azul menos ávido.
Toca-lhe com a sua música, com o seu marulho e se transmuta
num amante impossível que encontra na tristeza
o motivo preciso para tentar adormecê-la,
enfeitiçá-la, transformá-la em seu sonho, em seu deleite.
Frágil como o ramo que a ponto de quebrar-se
se prende ao tronco velho, para que o vento se emaranhe
na sua raiz mais funda: o seu cabelo que ondeia
como bandeira única de um país singular.
Esbelta como o ar que em bicos de pés anda
pelas altas palmeiras, mínima como o frio
que o coração do alvor guarda na sua luz mais íntima,
imensa como o céu que habita na pupila,
se torna na palavra que o dia sussurra
aos antigos séculos: o nome do seu orgulho.
Com o seu fato de banho, tão ingénua, tão simples,
sem suspeitar o que sucedia ao seu redor,
ou sequer reparando na tibieza da água
ou nas lentas gaivotas que vagam delicadamente.
Nada possui então tamanha pureza.



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RACE HORSE
                                             
                                                                 Para Roxana Elena

Y mira tú, muchacha, de quién viniste a enamorarte,
a quién viniste a amar para toda la vida,
a quién decidiste no olvidar:
es un caballo de carreras, ese muchacho es un caballo de carreras
y corre siempre junto a la barda colmada por espinos
y sus músculos inflamados siempre a punto de reventarse.
¿Quién lo conduce?
Sus estribos son ríos a los cuales muerde para intentar romper.
Sus ojos ven un horizonte de fuego al que no puede dejar de dirigirse.
Sus cascos son de un cristal incorruptible que aniquila a la piedra.
Su crin es el viento azotado por el relámpago.
Una tormenta tiene donde debió tener un breve corazón,
una tormenta a la cual teme incluso el invierno mismo.
Su imaginación es la misma que la de la montaña
y la del grito que corta el silencio de la montaña desolada.
No es de fiar.
¿Quién confiaría su alma a una tormenta?
¿Quién brindaría su piel al cuchillo de fuego
o su voz al silencio de la flauta quebrada por el odio?
Y mira tú, muchacha dulce, te abriste como un cofre
lleno de perlas que parecían brotar de la luz misma
y él ni siquiera pudo notarlo, él es un caballo de carreras
y no le importa ni la ciudad ni el camino que lleva a la ciudad
ni las joyas ni un cuello lleno de joyas ni un cofre lleno de joyas,
solo le importa el bosque y el campo abierto y la playa interminable
pero sobre todo la pista, esa pista de grama, arena y piedra,
y mira tú de quién viniste a enamorarte
a quién quisiste guardar en ti como un corazón nuevo
a quién quisiste abrazar hasta perder los brazos
a quién quisiste mirar hasta cerrar tanto los ojos
que no consigues ya mirar la dicha.
Mira tú, muchacha linda, a quién quisiste amar,
a un obstinado caballo de carreras cuya pista es el mundo.


*


RACE HORSE
                                                           
                                                            Para Roxana Elena

E olha tu, rapariga, de quem vieste a apaixonar-te,
a quem vieste a amar para toda a vida,
quem decidiste não esquecer:
é um cavalo de corrida, esse rapaz é um cavalo de corrida
e corre sempre junto à barda repleta de espinheiros
e os seus músculos inflamados sempre a ponto de rebentar.
Quem o conduz?
Os seus estribos são rios aos quais morde para tentar romper.
Os seus olhos vêem um horizonte de fogo ao qual não pode deixar de dirigir-se.
Os seus cascos são de um cristal incorruptível que aniquila a pedra.
A sua crina é o vento açoitado pelo relâmpago.
Uma tormenta tem onde devia ter um breve coração,
uma tormenta temida até pelo próprio Inverno.
A sua imaginação é a mesma que a da montanha
e que a do grito que corta o silêncio da montanha desolada.
Não é de fiar.
Quem confiaria a sua alma a uma tormenta?
Quem ofertaria a sua pele à faca de fogo
ou a sua voz ao silêncio da flauta quebrada pelo ódio?
E olha tu, rapariga doce, abriste-te como um cofre
cheio de pérolas que pareciam brotar da própria luz
e ele nem sequer pôde notá-lo, ele é um cavalo de corrida
e não lhe importa nem a cidade nem o caminho que leva à cidade
nem as jóias nem um pescoço cheio de jóias nem um cofre cheio de jóias,
só lhe importa o bosque e o campo aberto e a praia interminável
mas sobretudo a pista, essa pista de grama, areia e pedra,
e olha tu de quem vieste a apaixonar-te
quem quiseste guardar em ti como um coração novo
quem quiseste abraçar até perder os braços
quem quiseste olhar até fechar demasiado os olhos
que não consegues já olhar o destino.
Olha tu, rapariga linda, quem quiseste amar,
um obstinado cavalo de corrida cuja pista é o mundo.



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LA ADIVINANZA

Mi capa es la tiniebla pero mi sombra es luz.
Se halla en mi mano una moneda dispuesta a la limosna
pero mi voz es lo terrible, cuando así lo desea.
Si dijera esto a un niño le preguntaría ¿Quién soy?
Y sería solo una adivinanza y no un enigma y una proclamación.
Mi espalda es el invierno que oscurece a los árboles
pero mi rostro es la blancura de la nieve más fría.
Si hundo mi pie en el fango es tan solo en la hierba que aparece una huella.
Veo, escalones abajo, los incipientes actos de los magos,
y escucho, por encima de mí, las palabras de Dios
en la lengua monumental de sus profetas.
Veo a los ángeles en un palacio interminable
jugando como ínfimos infantes en interminables jardines
y escucho la confesión del viento en los antiguos árboles
y la profecía del mundo en la boca del mar
y revelo la edad de las estrellas a los hombres
y el corazón del hombre a la desolación de los abismos.
El beso de Dios arde en mi frente.
Soy hijo y no puedo ser otra cosa más que hijo.
Los trigales se inclinan a mi paso
y el rey pide consejo y ejecuta conforme lo que digo.
Mi mano es pesada como el hacha de piedra.
Para mis ojos no hay distancia ni tiempo
ni lugar ni cortina ni pared ni secreto.
Sobre mi cabeza los gorriones y las ramas altísimas
y las antiguas torres y el universo mismo.
Bajo mis pies el mundo
y bajo el mundo, los nombres de los muertos.
Si le hablara a los niños, podría preguntarles, fingiendo ser astuto,
¿Saben los nombres de los muertos?
Mi capa es la tiniebla pero mi sombra es luz
y al revelar aquello que en mí se ha revelado me vuelvo yo el misterio.
Mi destino es la hora más postrera del hombre:
La claridad penúltima…
El último silencio.


*


A ADIVINHA

A minha capa é a escuridão mas a minha sombra é luz.
Está na minha mão uma moeda disposta à dádiva
mas a minha voz é o terror, quando assim o deseja.
Si dissesse isto a uma criança questioná-la-ia “Quem sou?”
E seria só uma adivinha e não um enigma e um anúncio.
A minha coluna é o Inverno que escurece as árvores
mas o meu rosto é a brancura da neve mais fria.
Se afundo o meu pé no pântano é apenas na erva que aparece uma pegada.
Vejo, escadas abaixo, os incipientes actos dos magos,
e escuto, acima de mim, as palavras de Deus
na língua monumental dos seus profetas.
Vejo os anjos num palácio interminável
brincando como ínfimos infantes nos intermináveis jardins
e escuto a confissão do vento nas velhas árvores
e a profecia do mundo na boca do mar
e revelo a idade das estrelas aos homens
e o coração do homem à desolação dos abismos.
O beijo de Deus arde na minha cara.
Sou filho e não posso ser mais que um filho.
As searas curvam-se à minha passagem
e o rei aconselha-se comigo e executa o que lhe digo.
A minha mão é pesada como o machado de pedra.
Diante os olhos não há distância nem tempo
nem lugar nem cortina nem parede nem segredo.
Acima da minha cabeça os pardais e os ramos altíssimos
e as antigas torres e o próprio universo.
Debaixo dos meus pés o mundo
e, debaixo do mundo, os nomes dos mortos.
Se falasse às crianças, poderia perguntar-lhes, fingindo ser astuto,
Sabem os nomes dos mortos?
A minha capa é a escuridão mas a minha sombra é luz
e ao revelar aquilo que em mim se revelou me transformo eu no mistério.
O meu destino é a hora mais tardia do homem:
A claridade penúltima…
O último silêncio.



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Jorge Galán
(1973; San Salvador, El Salvador) 

Tradução: Sandra Santos